Nuevas Elecciones Generales: “Vota bonito”

Javier de Carlos. La escasa credibilidad del sistema político español se somete por enésima vez a prueba con la celebración de las nuevas elecciones generales del próximo 10 de noviembre. Nada en el actual panorama hace pensar que las cosas, por lo demás, vayan a cambiar significativamente. “Más de lo mismo” es quizá el mejor resumen de lo que, en principio, nos espera a los españoles.

Pero, si hubiera que identificar algo diferencial en estas elecciones con respecto a convocatorias anteriores, podríamos apuntar tres factores: la deriva violenta de una parte del secesionismo catalán tras la sentencia del Supremo; el bloqueo político para la formación de Gobierno; y la amenaza de una nueva recesión económica. Repasémoslos brevemente.

Empezando por la situación de Cataluña, la irrupción de la violencia física -la otra, lleva mucho tiempo instalada en este pedazo de España- viene a complicar aun más las cosas para la solución de un problema que si por algo se caracteriza es por su enquistamiento. La apelación por la derecha al imperio de la ley seguirá siendo una solución insuficiente mientras no haya encima de la mesa un proyecto cultural alternativo suficientemente serio y atractivo, que por el momento brilla por su ausencia. La ambigüedad e inconsistencia de las propuestas de la izquierda, no hacen sino seguir dando alas al proyecto separatista.

¿Es posible el desbloqueo político?

El segundo factor diferencial es la urgencia del desbloqueo político. Y tampoco aquí el panorama presenta una salida clara. Al menos, si hemos de dar algún crédito a las encuestas de intención de voto y a las declaraciones de los portavoces de la izquierda. Además, y por algún motivo poco claro, el sistema y sus terminales mediáticas han abortado el proyecto Errejón, por el que parecían haber apostado con fuerza y con ese artificio que ya conocimos en la emergencia de Ciudadanos. Por el lado de la derecha, en cambio, sí puede abrirse algo más de espacio para una coalición de Gobierno, aunque el viraje al centro de Casado y la crónica inestabilidad en los principios de un Ciudadanos en caída libre van a conciliarse mal con un Vox en pleno despegue.

Y, finalmente, la crisis económica en ciernes. Un elemento que debilita las opciones de la izquierda por un doble motivo: su reconocida ineptitud técnica para el manejo de la economía en entornos adversos y la pérdida de una de sus principales bazas políticas: el irresponsable uso de los presupuestos públicos y la generación galopante de déficit para vender su demagogia de una sociedad subsidiada. El PP, en cambio, se ve claramente fortalecido como opción en un escenario de crisis, pese a que las políticas fiscales socialdemócratas de Montoro hayan dejado un pésimo sabor de boca incluso a los más incondicionales.

La democracia secuestrada

Hasta aquí un sucinto análisis desde el intento de aplicar una cierta lógica, dentro de la complejidad y la volatilidad que caracteriza a los escenarios políticos. Pero cada vez somos más los que tenemos la sensación de la existencia de una sólida alianza entre los partidos políticos y los grandes medios de comunicación, sometida -en última instancia- a los poderes financieros. Una alianza que ha pervertido la democracia y que sigue ya una lógica propia y autónoma, al margen de la voluntad de los votantes y de los requerimientos del bien común. Por eso, tras el 10N podemos esperar cualquier cosa.

El Cardenal Sarah, en su reciente y clarificador libro ‘Se hace tarde y anochece’ (Palabra, 2019) tiene palabras muy duras sobre la decadencia de las democracias occidentales. “Las democracias actuales -afirma- están secuestradas por poderosas oligarquías económicas: han pasado a ser el sistema preferido de pequeños grupos de poder que velan ante todo por sus intereses depositados en Bolsa. El gobierno del pueblo por el pueblo se ha convertido en el sometimiento del pueblo a las finanzas” (pág. 340).

Un desalentador diagnóstico, en fin, que hace que el absurdo “Vota bonito” -uno de los lemas utilizados por Carmena y Errejón en las pasadas elecciones autonómicas y municipales- acabe pareciendo una opción incluso razonable… O sea, la democracia como estética.

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