Instagrammers en lucha

Sete de la Quadra. Recordarán ustedes al Nge, el pastor y catecúmeno de ‘Amanece que no es poco’ que acostumbraba a subir con sus cabras al monte para dejar una bonita estampa. En los años 80 podía parecernos uno más de los absurdos que poblaban la película, pero, en realidad, el gran José Luis Cuerda preconizaba así fenómeno de los instagrammers. A saber, ese personaje del País Virtual para quien lo más importante no es por qué ni cuándo ni para qué se hacen las cosas sino cómo. Concretamente cómo quedan en la foto.

Ya saben que hay gente tan enamorada de sí misma que, a poco que alimentes su narcisismo, siempre estará dispuesta a explorar más allá de los límites de la estupidez humana. A algunos les da por dejarse el sueldo de un año en recorrer África haciéndose fotos con niños pobres. La imagen suele servir también para otras redes sociales porque ser buena persona mola tanto que lo mismo te sirve para ligar que para encontrar trabajo o promocionar tu marca. El caso de ‘Yes we help’ es una muestra palpable de cómo hacer negocio con la pobreza.

Igual de banal, aunque mucho más violento, es la moda de los borrokas independentistas que estos días han destrozado Barcelona. La excusa era la sentencia del Tribunal Supremo, pero en este rebaño hay diferentes motivaciones desde los auténticos yonkis del independentismo hasta los antisistema. Por el camino podemos encontrarnos también a los instagrammers: niños pijos a los que no les vale con rebelarse si no lo muestran en las redes sociales.

Como el pastor Nge, los instagrammers del independentismo se visualizan a sí mismos con sus capuchas, su pose desafiante, sus adoquines… como unos auténticos constructores de la destrucción. Imagino que en el post de Instagram escribirán algo así como «Haqui tamos en lo d la represion pulizial» para que el mundo vea lo duro que es ser separata.

En su cabeza, un catálogo de mitos transmitidos de web en web, de tuit en tuit, con la conveniente tergiversación: la Revolución de Octubre, Sierra Madre, Mayo del 68, la Revolución Cultural o cuando la izquierda española logró el derrocamiento de Franco… todo ello ambientado con la banda sonora de Ismael Serrano.

Y para asegurarse el pase a la posteridad se fotografían ante las barricadas y con los policías de fondo, a sabiendas de que ningún agente se lo va a impedir. No siempre hay cerca un Alberto Korda que inmortalice al asesino mirando al infinito con pose de profeta para convertirlo en mito. Por eso, los borrokas de Cataluña llevan consigo un móvil de última generación con el que retratarse en su lucha por la libertad… y si no lo tienen lo roban en el MediaMarkt de Diagonal.

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