La cigarra y la hormiga 5.0

Ricardo Muyo. Había una vez una cigarra y una hormiga. La hormiga se pasaba el día de acá para allá. Se levantaba al salir el sol y trabajaba hasta más allá del anochecer. No le importaba que, al final del día, acabara tan agotada que apenas llegaba a casa se quedaba dormida. Confiaba en que su trabajo tendría una recompensa al llegar el duro invierno.

Por su parte, la cigarra solo hacía cantar, disfrutar del buen tiempo, levantarse a las tantas para no hacer otra cosa que vaguear. De vez en cuando, la cigarra se paseaba por los puestos del mercado robando a unos y a otros con descaro, pero con tanto gracejo que nadie se atrevía a quejarse.

La cigarra y la hormiga vivían en el mismo bosque y, cada vez que se encontraban, la primera se reía de la segunda: “No haces más que trabajar, la vida se te pasa sin que la disfrutes”, le decía. La resignada hormiga, confiada en que su trabajo serviría para algo, sentía pena de la pobre cigarra: “Pronto llegará el invierno y no será tan fácil encontrar comida. Deberías ir preparándote”.

Y así fue, amiguitos. El invierno llegó con mayor crudeza que nunca. El tiempo cambió repentinamente y el frío y la nieve se apoderaron del bosque en el que vivían nuestras protagonistas. Mientras regresaba de su trabajo, la hormiga se sonreía tranquila, pensando que, al llegar, su casa perfectamente preparada le serviría como refugio para aguantar todo el invierno.

Cuando la cigarra comenzó a ver el panorama se dijo: “Tengo que poner remedio a esto”. Así que la cigarra ocupó la casa de la hormiga y le cambió el bombín a la puerta. Desde allí continuó con sus canciones y, aprovechando el wifi que pagaba la hormiga, la cigarra se hizo youtuber.

Las redes sociales la adoraban y la cigarra iba acrecentando su fama de canalla, vanagloriándose del método con el que había obtenido su casa y presumiendo de ser siempre más lista que nadie. Su espectáculo diario desde Internet mezclaba composiciones musicales de dudosa calidad, chistes y comentarios plagados de vulgar gracejo cigarril.

La cigarra tuvo tanto éxito que le ofrecieron acudir a la televisión una vez a la semana. Sin embargo, lo rechazó porque tendría que hacer el esfuerzo de salir al portal a esperar que el coche de producción la recogiera, amén del riesgo que suponía abandonar el hogar que con inefable picardía había ocupado. Aquello no logró frenar su éxito porque la tele le ofreció entonces una conexión vía Skype, a lo que la cigarra accedió gustosa.

Mientras tanto, la hormiga tuvo que hacer frente a los gastos de internet, luz y agua de un hogar a cuyas puertas clamaba: “Déjame entrar, cigarra, he sido yo quien se ha ganado este hogar y sus comodidades y no tengo otro sitio adonde ir”. Desde dentro, como toda respuesta se escuchaba las risas de su ilegal ocupante.

Un buen día, un grupo de manifestantes apareció junto al portal, las cámaras de la televisión se agolparon en torno a la hormiga, que por fin creía haber logrado justicia. Sin embargo, los manifestantes eran cigarras que protestaban contra cualquier posible intento de desahucio de su compañera: “¿Es cierto que tiene usted otros diez pisos en este bosque y que ha intentado subirle el alquiler desproporcionadamente a la pobre cigarra?”, dijo una voz detrás de un micrófono.

Compártelo:
Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on whatsapp
WhatsApp

Noticias relacionadas

Deja un comentario

ES NOTICIA