Progresismo agudo con nacionalitis tóxica

Sete de la Quadra. En alguna ocasión les he comentado ese cariño que la extrema izquierda española siente por ETA. Porque el terrorismo, cuando es de izquierdas, tiene un fondo de lucha liberadora y las dictaduras, cuando son de izquierdas, deben ser miradas con benevolencia, pues benefician a todos y a todas… y al que no le beneficia es porque es un maldito capitalista que tiene la libertad de elegir entre huir o ser purgado.

Lamentablemente, esa mirada fraternal hacia ETA se ha ido extendiendo en la medida en que el sanchismo, fase superior del zapaterismo, se ha visto en la necesidad de recabar apoyos hasta en el fondo de los estercoleros. La izquierda sigue empeñada en que lo que está en juego no es la democracia frente al nacionalismo, sino que se trata de una lucha entre los progresistas (los buenos) y los fascistas (los malos).

Este verano hemos sido testigos de cómo la socialista María Chivite pactaba con Bildu una abstención de la que los proetarras esperan sacar más que de un Gobierno de coalición. Bildu pretende lograr en las urnas las aspiraciones por las que ETA se pasó años matando, Navarra entre ellas. Bildu sin ETA no sería nada, pero la izquierda prefiere mirar hacia otro lado argumentando que es el PSOE el que tiene el control. No obstante, el acuerdo de Navarra preconiza el deseado abrazo con Otegui que hará a Sánchez presidente, acaso también a través de una limpia abstención del exterrorista.

Y fíjense que me refiero a la izquierda en un sentido amplio y no a los partidos de izquierda. Cierto que el nacionalismo ha teñido también a otros partidos en otras comunidades autónomas, pero de eso hablaremos en otra ocasión. Lo preocupante no es que Chivite se haya aliado con los proetarras, sino que la militancia haya respaldado el pacto por aplastante mayoría.

Este respaldo no es el único síntoma que apunta hacia una enfermedad social grave. Si tienen oportunidad de dialogar (esto ya es mucho) con un militante del PSOE o de Podemos, le dirá que se preocupa usted en exceso por la unidad de España, que lo importante es el progresismo: las pensiones, el feminismo, la lucha contra la “violencia de género”, la sanidad pública, la seguridad social… todas esas cosas que inventó la izquierda, como todo el mundo sabe, “bonita”.

Quienes padecen de este progresismo agudo con nacionalitis tóxica están convencidos de que no hay nada malo en hacerse amigos de quienes hace menos de diez años te habrían metido un tiro en la nuca. Hay que perdonarlos y usted es una mala persona si no piensa lo mismo. En cambio, si en mitad de la Guerra Civil un republicano fue fusilado y enterrado en una cuneta… eso tienen que pagarlo con el eterno desprecio los asesinos y sus descendientes hasta en 22 generaciones, porque todo el mundo sabe, “bonita”, que la guerra la hizo Franco con cañones contra los republicanos que iban al frente con flores.

En ocasiones se culpa a los políticos, pero son sus militantes y sus votantes -el vecino, el compañero de trabajo o el señor que te vende el pan- quienes respaldan esas actitudes con sus votos y con sus discursos.

De modo que si usted osa criticar al PSOE por sus escarceos con los filoetarras puede encontrarse con que automáticamente es calificado de rancio y franquista, será acusado del grave delito de votar a los fachas de Vox (que serán siempre fachas, pese a ser mucho más constitucionalistas que Podemos o que el PSOE) o a los corruptos del PP (que serán corruptos por el simple hecho de ser del PP y pese a que en el PSOE y en Podemos tienen mucho más de lo que avergonzarse). Lo de twitter, mejor lo dejamos para otro día.

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