El cura que llamó “diabólico” al Yunque abandona el sacerdocio

Carmen Coimbra. El verano nos ha sorprendido con una noticia inesperada. El sacerdote zamorano, Luis Santamaría del Río, anunció durante la misa que la celebraba por última vez porque “se había enamorado” y se casaba el próximo septiembre. Varios medios de comunicación se han hecho eco de este insólito anuncio. Entre ellos, el experto en asuntos eclesiásticos Paco Pepe Fernández de la Cigoña, quien se refiere a Santamaría como “un buen sacerdote”. Merecen la pena los comentarios al artículo de Paco Pepe, mucho más interesantes -en esta ocasión- que la breve opinión del cronista. Verdaderamente entusiasmado con la novedad se ha mostrado el teólogo de la liberación, también cura casado, Xabier Picaza. Otros medios zamoranos también han aplaudido con entusiasmo el gesto del sacerdote. Ya saben, qué bonito es el amor.

No me corresponde juzgar la vida privada de Luis Santamaría del Río, que no tiene interés alguno. Otra cosa es que él haya convertido en público -y filtrado a los medios, dado que hasta hace poco se ocupaba de la comunicación de la diócesis de Zamora- una decisión personal que han adoptado otros sacerdotes de forma discreta y sin afán de protagonismo.

Sería oportuno que la diócesis de Zamora diera alguna explicación sobre el repentino enamoramiento e inminente matrimonio del clérigo para evitar la confusión en unos tiempos en los que la Iglesia y sus representantes precisan ser coherentes y parecerlo. Y también como muestra de respeto y aprecio a los miles de sacerdotes enamorados de Cristo y de la Iglesia, fieles a su ministerio y al celibato, que no buscan aparecer en los periódicos y televisiones sino, simplemente, ejercer el sacerdocio.

Quizá debiera también reflexionar alguna autoridad eclesiástica sobre la trayectoria de un clérigo que ha utilizado su condición de sacerdote para autoproclamarse -sin pudor- experto en sectas y asesor de la Conferencia Episcopal, aparecer como tal en todos los foros y vender libros a 15 euros. (Por cierto, con la ingenua o culpable complicidad de los medios eclesiales). Impresionante la intensa actividad no pastoral del clérigo y llamativa la infinidad de fotografías suyas -diferentes- existentes en Internet.

En realidad, el único motivo de escribir sobre el sacerdote Luis Santamaría del Río en este humilde periódico es recordar que fue autor del prólogo de un panfleto sobre el Yunque (panfleto desacreditado tras los dos incisivos artículos que le dedicó el periodista y sacerdote Miguel de Santiago en la revista Ecclesia, órgano oficial de la Conferencia Episcopal) en el que calificó al Yunque como “realidad diabólica”.

Tampoco tuvo reparo alguno en aparecer en La Sexta ataviado con su clergyman y su voz atiplada para enjuiciar a la célebre organización de origen mexicano. A esta cronista le consta que el obispo de Zamora recibió más de una queja formal sobre la insólita colaboración del cura con la televisión más anticlerical de España. También sabemos que el supuesto experto en sectas, investigador de primera, no se ha molestado en hablar -teniendo oportunidades de sobra para hacerlo- con algún miembro o colaborador de la “diabólica” organización del Yunque, algo que hubiera hecho incluso un tribunal de la Inquisición antes de dictar sentencia o calificar de “diabólica” a una persona o entidad.

En fin, nada nuevo bajo el sol. Hasta los más justicieros, investigadores, inquisidores tienen debilidades. Aunque sean curas.

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