El Beato Anacleto y los nuevos viajeros del porvenir

Anacleto Gonzalez Flores

Javier de Carlos. La reciente proclamación por el Episcopado de México del Beato Anacleto González Flores como Patrono de los Laicos mexicanos no ha podido llegar en un momento más oportuno. El mártir de la persecución religiosa en México en el siglo XX es un ejemplo luminoso para los desafíos a los que los laicos de todo occidente se enfrentan en este momento.

No reproduciremos aquí los datos más importantes de su biografía. Juanjo Romero acaba de dedicarle una magnífica semblanza en Infocatólica que recomendamos a nuestros lectores.  En La Opinión Libre se publicó también, hace algo más de un año, una breve nota sobre el Beato Anacleto y el recurso en sus escritos de a la metáfora del yunque para explicar, de una forma inspiradora, el proceso de la forja de los jóvenes como personas llamadas a la plenitud en Cristo.

Pero sí hay tres dimensiones de la vida del Beato Anacleto que brevemente quiero ahora destacar aquí, en la medida en que le convierten en el ejemplo completo que necesitamos para conducirnos ante los retos de este tiempo complejo en el que vivimos.

El primero es su vocación laical hacia la vida pública, desarrollada de manera coherente, creativa, libre e inteligentemente organizada. Un compromiso que es especialmente urgente cuando Europa y Occidente sufren, como ocurre en nuestro tiempo, una implacable agresión laicista y relativista, impulsada desde los poderes públicos. El Beato Anacleto es un pionero de lo que cuatro décadas después pidió el Concilio Vaticano II a los laicos, confirmado por San Juan Pablo II, Benedicto XVI y ahora el Papa Francisco. Sin clericalismos, pero con plena fidelidad a la Iglesia.

El segundo aspecto es su decisión de ser consecuente hasta el final, hasta el martirio. Cuando todo a nuestro alrededor es una invitación a renunciar a la verdad y las certezas en aras de un engañoso buenismo emotivista, el Beato Anacleto se erige un referente, lleno de coraje y osadía, de cómo verdad y caridad están para el seguidor de Cristo indisolublemente unidas, de tal modo que no hay verdad sin caridad ni caridad sin verdad. Aunque ello implique persecución y martirio, que tal vez no sea de sangre, pero sí de pérdida de la fama o marginación.

Hay, finalmente, una tercera dimensión en la figura del “Maestro Cleto” que ilumina también otro de los principales retos de hoy: el despertar de una nueva generación de jóvenes para el servicio al bien común, en un cambio de era como el que estos momentos afronta la humanidad. Un tiempo disruptivo lleno de incertidumbres, de amenazas y de inmensas oportunidades, en el que los jóvenes tienen muchísimo que aportar para orientar su sentido. El Beato Anacleto fue un apasionado de la conquista de los jóvenes, como queda reflejado en trayectoria vital y en sus escritos. Nada sólido podrá construirse para el futuro sin contar con los jóvenes, necesitados hoy, quizá como nunca antes, de significado verdadero para sus vidas, de ideales que les convierta en “reyes” y les libere de las esclavitudes a las que el consumismo, el desarraigo globalista y el abuso tecnológico quieren someterles.

Anacleto González Flores expresaba, en el párrafo con el que termina la presentación de su libro póstumo “Tú Serás Rey”, la aspiración a que cada una de sus páginas fuera “un grito que salude a los nuevos viajeros del porvenir, y que les diga penetrantemente al oído el grito de las brujas de la tragedia de Shakespeare: ‘Tú serás rey’. Y que ese grito se cumpla, pero no para hacer reinar a un hombre, sino para hacer reinar plenamente a Cristo”.

De la lectura del libro se intuye algo biográfico. Toda la vida del Beato Anacleto, ahora proclamado Patrono de los Laicos mexicanos es, en realidad, ese grito que saluda hoy a los nuevos viajeros del porvenir.

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