Partido Popular: ¿Llegó la hora del final?

Javier de Carlos. Inmersos estos días en la maraña de la triple campaña electoral, la sensación general es de mareo y empacho, teniendo en cuenta que aun dura la resaca de las recientes elecciones al Congreso y Senado. Demasiada política de bajas miras y regate corto para tan poco tiempo, aunque nunca podamos perder de vista la importancia de lo que España se juega en medio de esta exhibición de una política prácticamente reducida a un hábil ejercicio de marketing.

Cuando el vértigo electoral termine, será momento de hacer un análisis global y sereno de la nueva configuración del poder de los partidos políticos, pretendidos amos –en coalición con los grandes grupos mediáticos y las oligarquías financieras- de nuestras vidas y haciendas.

Pero mientras llega esa hora, no está de más que pongamos el foco en lo que está ocurriendo con el Partido Popular, tras su batacazo en las elecciones generales. Su proclamado “viaje al centro” desde el 29 de abril expresa a la perfección, como si se tratase del canto del cisne, por qué hay serios motivos para pensar que estamos ante el final de ciclo de este partido, uno de los grandes protagonistas de la vida política española de los últimos cuarenta años.

Dos son las razones que nos hacen pensar que ese final ha llegado, aunque la agonía pueda prolongarse aun en el tiempo.

Un viaje “sin mochila”

La primera de ellas es la inconsistencia e inviabilidad de su pretendida conformación de un centro derecha que, salvo que medie una emergencia económica, acaba por no ser nada o, peor aún, hace asimilar a sus votantes el veneno cultural establecido por la izquierda. La etapa de Rajoy resultó paradigmática en este sentido.

Lo ha explicado muy bien el escritor Juan Manuel de Prada en un reciente artículo en ABC, bajo el título “Casado el centrípeto”:

Aunque, en general, sean gentes acomplejadas de derechas las que se califican de «centristas», es siempre el progresismo quien fija y desplaza a su gusto el centro político, mientras la derecha corre en pos de esa quimera (…), sin llegar a alcanzarla nunca.

Por lo demás, el «viaje al centro» es siempre un viaje sin «mochila»; o sea, un viaje en el que la derecha deja atrás el lastre de los principios (cuando los tiene). La batalla de las ideas empieza a perderse en la batalla de las palabras; y desde que la derecha admite que declarar sin ambages su adscripción ideológica es un baldón, se está poniendo de rodillas.

(…) De este modo, la derecha sólo puede aspirar a alcanzar el poder cuando concurran circunstancias excepcionales (caos institucional, crisis económicas feroces, etcétera), reparando los desmanes ocasionados por la izquierda (y, por supuesto, «conservando» sus «avances»).

Ahora sí hay alternativas

La segunda razón que hace pensar en el ocaso del PP es la emergencia y consolidación de Vox y Ciudadanos, que crecen fundamentalmente a costa del antiguo voto del PP. Ahora, a diferencia de lo ocurrido en los últimos cuarenta años, ya existen alternativas a uno y otro lado.

Vox atrae, en mayor o menor medida, el voto con principios, una opción que en los últimos tiempos acababa en el haber de los populares después de que el votante se resignase a “taparse la nariz” al no haber ninguna alternativa con un mínimo de posibilidades electorales.

Ciudadanos por su lado capta a los votantes no socialistas para los que los grandes principios antropológicos de fondo (sacralidad de toda vida humana desde principio a fin, reconocimiento de las identidades sexuales, significación pública del matrimonio como unión de varón y mujer…) importan poco en política –o, directamente, ha asumido los dominantes de la izquierda-, pero que valoran eso que llaman “patriotismo constitucional” y, además, están hastiados de la corrupción y los hábitos de vieja política que arrastra el PP.

El naufragio de un líder

A partir del referido razonamiento de Prada y en este nuevo escenario, la supervivencia de la formación liderada por Casado no va a ser fácil. Las buenas intenciones iniciales para recuperar un partido de principios empezaron a naufragar descaradamente en la Convención de enero pasado y estallaron –de manera, por cierto, poco digna- en su penosa jornada del 29 de abril.

La fuerza en el actual aparato del PP de los que creen en un partido “sin mochila” –Feijoo lo ha llamado, eufemísticamente, un PP “en el que no cabe el pensamiento único e intransigente”- es ya demasiado importante para un líder que parece no haber dado la talla en cuanto al coraje moral necesario para mantener un rumbo firme en medio de los oleajes internos y externos. O que, tal vez, haya llegado demasiado tarde.

Sea como fuere, el próximo 26 de mayo empezará a despejarse el incierto futuro de un partido que llegó a tener en 2011 el 44,63% de los votos de los españoles y que el pasado 28 de abril apenas obtuvo el 16,7%.

Compártelo:
Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on whatsapp
WhatsApp

Noticias relacionadas

Deja un comentario

ES NOTICIA