Obispos y provida acuden a salvar a un desesperado PP

Carmen Coimbra. A mes y medio de las elecciones generales resulta más que evidente que Vox podría entrar en el Congreso de los Diputados con más de 35 escaños. Este dato está alarmando a los poderes reales o fácticos, lo que podríamos llamar el ‘sistema’. Y es que la España democrática parecía ser -hasta ahora- un sistema parecido al de la Restauración de finales del siglo XIX y principios del XX. Ya saben: gobernaban conservadores y liberales de forma alterna y el panorama no se alteraba. De hecho, cuando accedían unos y otros al poder respetaban lo que la formación política anterior y la legislación se mantenía prácticamente inalterable. 

El problema es que desde hace unas legislaturas esta situación ha cambiado con el acceso al Congreso de los Diputados de la extrema izquierda de Podemos y los liberales-progresistas de Ciudadanos. El partido de Albert Rivera -que se caracteriza por sus veleidades tácticas y su izquierdismo ideológico- no ha puesto en peligro la hegemonía del Partido Popular en la derecha española.

En abril de 2019, tras lo sucedido en las elecciones autonómicas de Andalucía, el panorama va a cambiar. Los aparentes esfuerzos de Pablo Casado por romper con el PP de Mariano Rajoy, si es que son reales, llegan tarde. Hay quien pone en duda la capacidad real del joven líder para sanear la formación política no tanto por su falta de voluntad como por el peso de los progres con peso en el partido como quedó demostrado en la Convención Nacional del pasado mes de enero, cuando los temas de fondo quedaron sepultados.

Muchos votantes se habían cansado de la falta de vigor ideológico y coraje de los populares pero le votaban con la nariz tapada. Ahora ya tienen a quién respaldar. Y no pocos ciudadanos, que dieron su apoyo su día a Podemos por razones varias, parece que también se pasarán al partido de Santiago Abascal.

Y el Partido Popular ha entrado en pánico. Esta semana hemos asistido al insólito llamamiento que ha hecho Pablo Casado a Vox de no presentarse a las elecciones en circunscripciones pequeñas “por responsabilidad”. Imaginen que el Madrid le pidiera al Barcelona que se limitara a jugar sólo en segunda división. O si Netflix le pidiera a Movistar que no emitiera contenidos en las capitales de provincia.

Y por si fuera poco, el arzobispo de Granada, Javier Martínez, ha irrumpido en la arena política para decir -según unos- que no hay que votar a Vox. Y según otros, lo que dice el prelado es que no hay que votar al PP. En todo caso ya hay quienes han contestado al eclesiástico, como el agudo analista Elentir, y el experto en catolicismo, La Cigüeña de la Torre. Por cierto, que don Javier Martínez realiza una comparación asombrosa entre la Acción Francesa de Charles Maurras de principios del siglo XX y la “derecha” que no nombra pero que supuestamente es Vox. Algo así como si equiparamos al arzobispo de Granada con el santo cura de Ars.

Ahora parece que algunos movimientos provida tradicionalmente sumisos al Partido Popular, como el Foro Española de la Familia que presidió el exsecretario de Estado de Aznar, Benigno Blanco, y ahora encabeza García-Juliá, y la Federación Española de Asociaciones Provida, podrían aprovechar el próximo 25 de marzo para pedir el voto (de forma sutil) al partido que preside Pablo Casado. De hecho, ya han empezado. En la presentación de la manifestación que tendrá lugar en Madrid el próximo 25 de marzo la presidenta de Provida, Alicia Latorre, ha dejado claro dos cosas. Una, que los partidos políticos no tendrán cabida en la manifestación del ‘Día de la Vida’. Otra, que le parece estupenda la propuesta de Pablo Casado, presidente del PP, de promover una ley de apoyo a la maternidad.

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